Capítulo ciento cuatro

Observo lo hermosa y elegante que está como siempre. Asiento y sonrío ante su comentario.

— Mis padres siempre han adorado este lugar, aquí se conocieron, se casaron y tuvieron a Milo; el parto de mi madre se adelantó, como pasó con las niñas — Levanto una ceja impresionada y tomo un poco de mi copa, ya no alimento a las niñas, en realidad con tres, era casi imposible hacerlo bien.

— Pensaba que Milo era francés — Le digo.

— Y lo es, también tiene la nacionalidad costarri

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP