Capítulo ciento tres
Observo lo hermosa y elegante que está, como siempre. Asiento y sonrío ante su comentario.

—Mis padres siempre han adorado este lugar; aquí se conocieron, se casaron y tuvieron a Milo; el parto de mi madre se adelantó, como pasó con las niñas. —Levanto una ceja impresionada y tomo un poco de mi copa; ya no alimento a las niñas, en realidad con tres era casi imposible hacerlo bien.

—Pensaba que Milo era francés —le digo.

—Y lo es, también tiene la nacionalidad costarricense, pero nu
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