Capítulo cincuenta.
Jessica.
¿Qué...?
Por inercia, doy un paso hacía atrás.
Las palabras del morocho quedan revoloteando a nuestro alrededor como un maldito remolino.
¿Por qué...? ¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué no confió en mi?
Parpadeo, incapaz de poder procesar todo al mismo tiempo. La cabeza me da vueltas. Me sostengo del brazo de Liv, pero fracaso en el intento porque ella está igual que yo; ambas perplejas.
—No...—consigo decir en un hilo de voz. Suena fatal y hasta doloroso. Frunzo el entrecejo—Ella no..