Capítulo cincuenta y uno.
Jessica.
Tomo una respiración honda mientras cierro la puerta detrás.
Trago saliva al pasar las manos sudorosas por mis prendas y las piernas me tiemblan, pero estoy segura de que no es por lo ocurrido allí dentro. Son nervios.
Los malditos nervios que delatan que la he cagado.
He metido la pata hasta el fondo.
El único sonido que escuchan mis oídos es el de los tacones contra el suelo. Ya es casi de madrugada, y nadie, a menos que sean las enfermeras, se encuentran por estos lados.
Apoyo una m