Capítulo cuarenta y nueve.
Loan.
—Cariño, relajate.
Mi prometida parece no escucharme. Sigue caminando de un lado a otro, mordiendo sus uñas en un impulso nervioso, mientras con su otra mano libre sostiene el móvil contra la oreja. Espera unos segundos y luego vuelve a bufar.
Creo que es la cuarta vez en diez minutos que lo hace.
—Jess...—vuelvo a insistir.
Ella ahora capta mi voz. Me mira a los ojos. En ellos centella la preocupación.
—No responde. Nadie responde—sacude el aparato frente a mis narices con urgencia. Sus