Clara
Por primera vez en semanas, el mundo parecía haberse detenido. No había sirenas, no había sombras acechando en las esquinas, no había mensajes crípticos quemándome los bolsillos. Los días después de lo ocurrido en el pueblo eran un respiro frágil, como el silencio entre dos truenos. Me aferraba a esa calma con los nudillos blancos, sabiendo que era una mentira disfrazada de tregua. La paz no dura cuando llevas un cuaderno como el mío. Sus páginas, llenas de verdades a medias y mentiras qu