46.
Alba
Casi no pude dormir por los nervios de este día, el cual comenzó soleado y deslumbrante. Papá me despertó con un suave beso en la frente y me dijo que desayunáramos. Había preparado tortitas, tocino, huevos y todo lo que me gustaba para comenzar bien el día. Yo, en realidad, no tenía mucha hambre; el pánico me invadía por lo que iba a hacer.
Las cartas para ambos hermanos ya estaban listas, y Nerea había contratado a alguien para que se las entregara a sus correspondientes destinatarios. Y