14.
Alba
Al final de la velada, me sorprendió ver que Cristel estaba demasiado ebria como para conducir, así que Lucrecia se ofreció a llevarme. Yo acepté gustosa, pero Gian intervino.
—Yo puedo llevarla; no quiero que te desvíes, Luc —le dijo Gian con tono amable. Lucrecia arqueó una ceja un momento, pero luego se relajó y asintió.
—De acuerdo, cariño, cuídense.
Lucrecia se despidió de ambos con un beso y se fue en busca de Nerea, con quien ya me había despedido y con la que quedé para almor