12.
Alba
Gian sonrió de una forma deslumbrante y caminó hacia mí como si nada más le importara. Una parte de mí quiso correr a buscar a Cristel, pero me quedé quieta, deseando que ocurrieran muchas cosas esta noche; cosas imposibles, a decir verdad.
¿Cómo haríamos para huir de la gente?
—Has venido, ma chère —saludó mientras besaba mi mano. Yo le sonreí a medias.
—Feliz cumpleaños, cuñado —murmuré. Un destello de ira brilló en sus ojos.
—Gracias, Alba —contestó, amable pero seco. Me pregunté por qué