—Te odio con toda mi alma, Vaughn King —jadeó ella, con lágrimas de placer abrumador resbalando por sus mejillas.
—Buena chica.
La embistió con más fuerza, inclinando las caderas para golpear ese punto perfecto con cada caricia. La presión se volvió insoportable. Nancy se rompió por tercera vez, su grito ahogado contra la boca de él mientras su coño se convulsionaba violentamente alrededor de su polla. Nuevos chorros de humedad empaparon su tronco y goteaban sobre la encimera debajo de ella.
Va