¿Embistidas largas y profundas que hacían que su cuerpo se sacudiera hacia adelante cada vez, con las nalgas temblando por el impacto? ¿O quizás estaba tumbada de espaldas en su cama, con las piernas colgando sobre sus anchos hombros, las rodillas bien abiertas mientras él la penetraba lento y constante, esos ojos oscuros clavados en los de ella, observando cada espasmo y cada jadeo mientras la abría centímetro a centímetro, hasta que ella suplicaba sin palabras?Me lo imaginé con la mandíbula apretada, las venas marcadas en el cuello, esa piel tatuada estirada sobre músculos que no desperdiciaban ni un solo movimiento. Era el tipo de hombre que mantenía el control total, incluso cuando estaba enterrado hasta las bolas dentro de una mujer, deshaciéndola con embestidas precisas e implacables. Observaría cómo se rompía debajo de él, su cuerpo convulsionándose alrededor de su polla, y simplemente mantendría ese ritmo constante, alargándolo, saboreando cada gemido roto como si le pertenec
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