Se apartó de ella y se levantó, estirando su poderoso cuerpo.
—Ducha. Luego preparas el desayuno. Desnuda. Quiero verte moverte por la cocina con mi semen todavía dentro.
Lila se quedó un momento tumbada, recuperando el aliento, el cuerpo vibrando con las réplicas. La parte racional de su cerebro gritaba que esto estaba mal, que era peligroso, que debería llamar a un abogado o cambiar las cerraduras. Pero la parte más profunda y oscura —la que se había mojado en el momento en que él la acorraló