Intentó obedecer, soltando el aire con un temblor mientras el dedo de él se hundía más profundo. La sensación era extraña: llena, con un leve ardor, pero mezclada con un placer intenso y prohibido que hacía palpitar su clítoris. Kai añadió un segundo dedo, abriéndolos suavemente para estirarla, mientras murmuraba elogios sucios.
—Mírate, inclinada como una buena putita para tu hermano. Este culo está tan apretado. Voy a disfrutar mucho de estrenarlo. Cada mañana, desde ahora, quizá te folle est