Su boca se estrelló contra la de ella en un beso que no tenía nada de suave ni romántico. Fue hambriento, castigador, cargado de años de frustración contenida, celos y un deseo oscuro. Su lengua invadió su boca sin piedad, reclamando cada rincón mientras una mano áspera le amasaba el pecho lleno a través del fino encaje y su pulgar rozaba con rudeza el pezón ya endurecido. Lila gimió sin querer contra el beso, su cuerpo traicionándola por completo mientras una nueva oleada de humedad inundaba e