Esta vez Killian se colocó detrás de ella, sus grandes manos separándole las nalgas bien abiertas.
—Mira este agujerito perfecto. Tan apretado e intacto.
Se inclinó y arrastró la lengua lentamente sobre su entrada fruncida, haciendo que ella jadeara y empujara hacia atrás contra su boca.
Damian abrió el cajón de la mesita y sacó un bote de lubricante transparente. Lo calentó entre sus palmas antes de verter una cantidad generosa sobre su culo y su coño. El líquido frío la hizo estremecerse mien