Aparecí en su apartamento a medianoche, sin nada debajo del abrigo.
La lluvia caía a cántaros, empapando mi cabello y corriendo en fríos riachuelos por mi cuello, pero apenas lo sentía. Mi cuerpo ya ardía, mi coño palpitaba de anticipación, mis pezones duros y doloridos bajo la fina tela del abrigo. Toqué una vez, y la puerta se abrió antes de que mis nudillos siquiera se separaran de la madera.
Jason estaba allí sin camisa, sus jeans bajos en sus caderas, sus ojos oscuros de hambre cuando me v