El último cliente se fue a la 1:47 de la madrugada. Alex dio la vuelta al cartel de la puerta, la cerró con llave y apagó las luces principales, dejando solo el suave resplandor ámbar detrás de la barra.
Yo seguía en el taburete, con el último trago de whisky en la mano. La cabeza me daba un agradable calor, pero el cuerpo estaba completamente despierto y vibrando de anticipación. Ahora que el bar estaba cerrado y solo quedábamos los dos.
Alex rodeó la barra y se detuvo frente a mí. De cerca er