Linda
Siempre me han atraído las sombras del deseo, los lugares donde el control se desvanece y el poder crudo toma el mando. Durante años había oído susurros sobre The Velvet Vault, un club privado exclusivo escondido en los bajos fondos de la ciudad, accesible solo para los hombres ricos y poderosos que anhelaban dominación absoluta.
No era solo un club nocturno, era un reino donde mujeres como yo entregábamos nuestros cuerpos para ser usados, comandados y remodelados por quienes podían pagar el precio. La idea me consumía. Noches sola en mi pequeño apartamento, me tocaba imaginando las habitaciones forradas de cuero, el olor denso a almizcle y sumisión, la forma en que el agarre de un hombre podía convertir el dolor en éxtasis.
Necesitaba formar parte de aquello, no como invitada sino como una de las chicas que servían, que soportaban, que suplicaban por más. Haría cualquier cosa… absolutamente cualquier cosa para cruzar esas puertas.
Mi obsesión empezó pequeña. Ahorré cada centavo