La cera caía en lentos regueros… sobre la parte superior de mis tetas, rodeando las pinzas, goteando por la parte inferior. Cada contacto caliente hacía que mis pezones palpitaran con más fuerza dentro de las mandíbulas metálicas. El dolor se mezclaba con la vibración implacable que seguía zumbando contra mi clítoris por la varita que él volvía a presionar allí… alta, implacable, machacando.
—Suplica por más, zorra de semen —exigió el hombre de la correa, tirando de la cadena otra vez mientras