Pov Nikolái
Observé a Abril unos minutos; su frialdad me hizo sentir como un niño pequeño, alguien sin poder, sin voz y sin autoridad. Es irónico: el hombre que ha construido un imperio y que ha hecho temblar a sus enemigos se encuentra ahora reducido a nada frente a la mujer que ama. Ella no me gritó, no lloró, ni siquiera suplicó; su actitud era un látigo que me golpeaba con mucha más fuerza que cualquier insulto que Katia pudiera haber soltado.
Lo que más me carcome no es la presencia de Kati