ISABELLA
Lucy habló con tanta autoridad que me dieron ganas de reír. ¿De verdad pensaba que era la luna y que podía darme órdenes?
—¿Yo no puedo ir al estudio del Alfa porque no puedo ayudarlo, pero tú sí puedes ir? —le pregunté con una sonrisa sarcástica en mi rostro.
Si no me hubiera dado cuenta de que estaba tratando de evitar que viera a Pedro Genaro porque estaba tramando algo que requería que yo no estuviera allí, sería una tonta.
—¡Sí! ¡Siempre he sido de gran ayuda para el alfa! Aunque