Isabella
El alboroto en el Gran Salón se interrumpió de golpe cuando los pesados portones de roble del fondo se abrieron de par en par con un golpe seco que resonó en las vigas del techo. Las cabezas de los bancos se giraron en masa, un movimiento unísono que provocó un crujido prolongado en la madera vieja. Por el pasillo central, avanzando con paso firme y la capa ondeando a su espalda, apareció Pedro.
Su sola presencia alteró la atmósfera sofocante del tribunal. No traía armas a la vista, pe