Mundo ficciónIniciar sesiónIsabella
El silencio que siguió a la advertencia de Vane era una losa de plomo.
Pedro permanecía a mi lado, sus músculos tensos como cuerdas de arco a punto de quebrarse. Yo podía sentir su calor, el aroma a tierra húmeda y cedro que siempre lo acompañaba, pero también percibía el pulso errático de su angustia. Él estaba atrapado en el limbo de su propia







