Meses antes Lindsey había averiguado donde estaba viviendo su abuela materna, ella estaba próxima a visitarla, pero el viaje se adelantó.
Al llegar Aeropuerto de Peretola, tomó un taxi a las afueras de Florencia, el taxista la dejó en la dirección que ella le indicó, una anciana de unos 75 años la estaba esperando en la entrada de la villa.
—¡Abuela! ¿Eres tú? —ella reconoció a la señora de cabellera blanca.
—Mi nieta adorada, ¿No les vas a dar un abrazo a esta pobre anciana?
Lindsey corrió a l