La tormenta seguía rugiendo afuera, pero dentro del gran salón, algo había cambiado. La sombra en los ojos de Seth se disipó, y aunque su rostro aún reflejaba el peso de la verdad que acababa de descubrir, una nueva resolución se aferraba a él. Mia lo vio exhalar profundamente, como si, por primera vez en mucho tiempo, pudiera pensar con claridad.
—Hazlo. —Dijo Seth con voz firme. —Llévalos a Velkan, resguárdalos. No podemos permitir que Aamon tome Blood Moon y destruya todo lo que hemos constr