—Amelia... —Pronunció su nombre como si escupiera veneno. La voz de Tarvos retumbó entre las paredes de piedra. —Cuando te vi, pensé… ¿Cómo es posible? Te creí comida por los cuervos. Te vi caer en el sacrificio. Ahora entiendo por qué todo este desastre, como siempre tú deshonrando nuestra existencia
Ella no retrocedió. Aunque el odio de Tarvos era tangible, como un muro que golpeaba su pecho trancándole el oxígeno. Pero, aun así, Mia enderezó los hombros, poniendo la frente en alto. El traje