En un rincón apartado de la vasta región que rodeaba los territorios de los lobos, el aire estaba cargado de tranquilidad y misterio. Un grupo de lobos descansaba bajo la luz de la luna, pero uno de ellos, un lobo de pelaje negro profundo y majestuoso, no estaba dormido. Estaba recostado, con sus ojos cerrados mientras respiraba de forma regular. Parecía en calma, casi meditativo, pero de repente, como si una corriente eléctrica atravesara su cuerpo, abrió los ojos de golpe. Sus orbes dorados b