Por seguridad, Amelia decidió correr aún más lejos. El bosque era un laberinto interminable de sombras y claroscuros, pero ella apenas notaba los detalles de su entorno mientras corría. Cada respiración que tomaba le dolía, no por el agotamiento físico, sino por el peso emocional que cargaba. Sus patas ahora firme y ágiles en esta nueva forma, se movían con precisión instintiva, guiándola más y más lejos de donde había enfrentado al demonio. La loba dentro de ella, esa presencia que ahora podía