La energía cálida que había inundado el cuerpo de Amelia cuando la luz blanca apareció seguía presente, aunque levemente debilitada. Era reconfortante, como si cientos de manos invisibles la hubieran sostenido para evitar que se rompiera. Sin embargo, esa sensación fue momentánea, ya que pronto cayó en la inconsciencia, dejándose arrastrar por un abismo oscuro y desconocido. Cuando despertó, sus sentidos volvieron lentamente, como si su cuerpo se estuviera reajustando a una nueva realidad. Sint