La Promesa
El bosque quedó en silencio. Mia, todavía estaba temblando por la furia y la adrenalina acumulada en su cuerpo, colapsada se derrumbó de rodillas. Sus garras se clavaron en la tierra, como si pudiera arrancarle a la naturaleza misma las respuestas que necesitaba.
“¿Cómo? ¿Cómo había podido fallarle a su hija?” Pensaba una y otra vez.
Poco después, una mano cálida se posó en su hombro. Lukas, ahora en forma humana, la miraba con una mezcla de dolor y determinación.
—Lo encontraremos