El bosque de Velkan respiraba con el ritmo de una bestia agonizante. Los árboles, otrora majestuosos guardianes de secretos ancestrales, se retorcían bajo el peso de una energía que no pertenecía a este mundo. El aire olía a tierra quemada y hierro, a tormenta y sangre vieja. Y en el centro de ese infierno, dos figuras se enfrentaban en un duelo que llevaba años gestándose.
Mia, envuelta en la armadura plateada de su transformación divina, avanzaba con la elegancia letal de un huracán. Su pela