El rugido de la nueva guerra se alzaba sobre Velkan. El sonido del caos era ensordecedor, el cielo estaba iluminado por llamaradas rojas de las bengalas que anunciaban el secuestro de la princesa Ayla y por ende la alerta máxima, mientras que los demonios sombra de Aamon se retorcían entre las calles del pueblo, alimentándose de la angustia y la desesperación de todos los habitantes.
Mía corría a través del infierno que ahora eran los pasillos del castillo, mientras su corazón latía con una fur