Salí de la oficina de Donovan, con el cabello revuelto, la ropa mal organizada y con la dignidad por el piso.
— ¡Hola querida! — Me saludo Octavio.
— Hueles a se*o — Me dijo mientras caminaba a mi lado.
— Te odio, y también odio a mi vagina por ser tan traicionera — Le dije.
Octavio empezó a reír.
— Es Donovan Gross, no podría juzgarte jamás por haber jodido con él — Me dijo.
Yo me detuve y lo mire a los ojos.
— ¿Soy una idiota verdad? — le pregunté.
— No, solo te gusta el buen se*o — Me dijo.