Le enseñe a mi abuelo el apartamento que Octavio me había conseguido.
— ¿Te gusta? — Le pregunté.
— Es muy bonito, ¿pero esto si lo puedes pagar? — Me preguntó.
— ¡Claro que si! es muy poco — Mi abuelo arrugó el entrecejo de inmediato.
— cariño, está ciudad es muy cara, dudo mucho que sea barato — Me dijo él.
— Octavio es amigo del dueño — Le dije.
Mi abuelo se cruzó de brazos.
— ¿y quién es el dueño? — Me preguntó.
— Pues un amigo suyo — Le volví a decir.
— y también te consiguió un trabajo, q