—Bájame —gruñó Atenea intentando liberarse de su agarre.
Había sucedido tan rápido la forma en que la agarró y la echó sobre su hombro. Lo último que Atenea vio antes de que el mundo se inclinara fuera de su eje fue la sombra de Ragnar atravesando el jardín como una nube de tormenta a punto de estallar. Y él la llevaba sobre su hombro como un saco de patatas.
Su sangre hirvió porque fue arrojada sobre su hombro en un movimiento violento e imperceptible, con el brazo de él alrededor de su cintur