En el momento en que Atenea tocó el borde del pozo, el suelo exhaló, un suspiro silencioso y hueco, como si el mundo mismo se estuviera preparando.
Y entonces algo dentro de ella cambió.
—Atenea, retrocede un poco —dijo Ragnar desde detrás de ella. Estaba demasiado cerca de esa cosa maldita.
Una oleada de sensaciones recorrió su pecho en espiral, no viento, sino recuerdo. No recuerdo, sino magia. La inundó como humo a través de un recipiente hueco. El bosque a su alrededor se balanceó como si e