“Las cosas inesperadas a veces son las mejores”
─¡Auxilio, ayúdenme! ─tenía a ese desgraciado encima.
─Nadie te va a ayudar. Eres mía —susurraba a mi oído—. No tienes dónde correr, estás a mi merced.
─¡No! ¡Suéltame! ¡No me toques!
─¡Valeria! ¡Fiera, despierta! ¡Amor! ─¿Thomas?
─¿Qué tiene mamá? ─escuché la voz de mi pequeño.
─Valeria, despierta.
Abrí mis ojos de repente y me vi en mi cama con Thomas frente a mí y la mirada de mis hijos asustados del otro costado.
─Tranquila. Estás en casa —dijo