DE NUEVO EN SUS BRAZOS
DE NUEVO EN SUS BRAZOS
Por: Monik.A.B
En busca de un ascenso

   En mis veintiséis años de vida, lo único que quise fue ser una gran abogada y me gradué con honores. Era la chica nerd que se destacaba por brillar y tener grandes oportunidades en la vida. Si algo siempre tuve muy presente, era que Valeria Dunner no iba a ser cualquier chica común, hija de un gran ingeniero civil y su secretaria; yo tenía que ser mucho más que eso, y estoy a punto de conseguirlo.

     Después de graduarme, empecé a trabajar en una de las firmas más exitosas y reconocidas del país, encargada de casos sencillos. A medida que pasaba el tiempo, fui perfeccionando mis prácticas hasta adquirir casos importantes con ayuda de mi tutor y jefe.

    Gracias a él y a sus consejos, me he ganado su confianza y la de todos los socios. He manejado casos difíciles a mi corta edad que han sido todo un éxito, por ello, estoy a punto de convertirme en una de las socias del bufete.

    Una meta a punto de alcanzar.

     Como bien dice mi padre: “Si quieres ser alguien en la vida, proponte metas, trabaja por conseguirlas, si te parece difícil, es porque lo estás logrando; los tropiezos son obstáculos que te hacen ver si vale la pena el éxito que buscas”.

    Y tiene razón.

    En mi vida he pasado por muchos momentos difíciles.  Llegué a pensar que nunca lograría mis sueños, empezando por ser abogada, y no porque dudara de mis capacidades, era y soy muy buena en lo que hago. Sin embargo, tuve la irresponsabilidad de salir embarazada en el último semestre de la facultad y mis planes cambiaron.

    Descuidé mis estudios para ser ama de casa. Creía que el papel lo estaba desempeñando muy bien, no obstante, la vida tenía otros planes para mí.

    El padre de mis hijos decidió que su futuro profesional era más importante que nuestro bebé. Partió sin mirar atrás, aunque en su defensa, omití cierta información que tal vez hiciera que su decisión de irse le fuera mucho más fácil.

    Regresé a la facultad y me esforcé tanto por lograr conseguir todos los créditos correspondientes para poder graduarme con mis compañeros, porque un embarazo de mellizos no era nada fácil. Ese esfuerzo me hizo conocer a la persona que el día de hoy es mi jefe.

    Sin él, no sé cómo hubiera podido salir adelante con dos niños, sola y sin ingresos económicos; mis padres me han apoyado mucho, sobre todo cuidando a mis hijos.

    Mis niños, mis dos grandes amores, los dos torbellinos de cinco años que son todo para mí. Edwin tiene ojos cafés y cabello castaño, como los de su madre y Mía, una niña rubia, ojos claros como su padre, alguien del cual no vamos a hablar.    El señor forma parte del pasado y ahí se va a quedar.

    En estos momentos, mi vida está enfocada en ser la mejor abogada del país y convertirme en la nueva socia del bufete para darle a mis hijos mucho más de lo que puedo darles ahora, y no solo a ellos, sino también a mis padres; ambos han sido un pilar para mi crecimiento.

    Ese par, han sido los únicos capaces de todo por mí y sus nietos a pensar que no estaban felices cuando se enteraron de que su niña no la estaba pasando bien con un embarazo gemelar. Siempre estuvieron ahí brindándome su apoyo, su amor y su dinero; papá se encargó de mis gastos y los de mis hijos hasta que pude independizarme.

    No es que gane una fortuna, pero tengo lo suficiente para darle a mis hijos una vida cómoda, y si hoy ganó este caso, pasaré a ser socia, lo que aumentaría mis ingresos, tendría más tiempo para ellos y podría disfrutar de mis frutos.

    Todo está en su lugar. El mundo sabe que nací para ganar, que no acepto menos de lo que me merezco, ya he pagado muy caro lo que hice en mi vida pasada y no me voy a dejar quitar lo que tanto me ha costado.

    Ganaré el caso y mi nombre será reconocido. Nada podría salir mal.

Escucho mi teléfono sonar mientras brilla la cara de mi mejor amiga en la pantalla.

—Hola, bruja. Interrumpes mi rutina de positivismo y triunfo.— Le respondí.

—Hola, bruja. Tu rutina puede esperar, porque el espejo sabe que eres una ganadora y está cansado de decírtelo. ¿Estás lista para tu gran caso?

—Tengo toda la seguridad de que ganaré, aunque no está nada fácil y puede pasar cualquier cosa a última hora.

—¿Desde cuándo te gustan las cosas fáciles? Y no llames a la desgracia.

—No lo hago, pero me gusta estar preparada. Estos casos siempre te sorprenden. —De repente, la conversación fue interrumpida por un estridor a su lado—. ¿Dónde estás? Se escucha mucho ruido.

—Saliendo de un club, estaba celebrando que mi amiga es una zorra cruel en los juzgados y venció a unos desgraciados.

    No puedo creer que me esté diciendo eso a las siete de la mañana.

—Darla, eso aún no ha sucedido, no puedes utilizarlo de excusa para irte de fiesta toda la noche y llegar a esta hora a la casa.     ¿No trabajas?

—Claro que trabajo, eso lo sabes bien; pero siempre hay que empezar con un buen pie. Te hubiera invitado, pero eres rígida cuando tienes que ir a patear traseros al matadero.

—Gracias por recordarlo, y son los juzgados.

—¿Qué diferencia hay? No lo olvidaría. Lo que me recuerda, te estoy llamando por dos cosas. La primera, para felicitarte por ganar y convertirte en socia de la firma, y la segunda, para recordarte que debo ser la primera persona a la que debes llamar para notificar que le ganaste a esos desgraciados.

—¿Te das cuenta de que no puedes felicitarme por algo que aún no ha sucedido y luego pedir que te llame para decirte cómo me fue?

—¿Quién dice que no? — No puedo con sus locuras.

—Ve a casa, date un baño y ve al trabajo antes de que te despidan. Hoy tenías una reunión importante y estás desvariando.

—No pueden despedirme, soy un genio. Para tu información, soy una empleada súper grandiosa y la reunión no es hasta las nueve de la mañana, así que aún estoy a tiempo. Te dejo para que vayas a cortar cabezas y esta noche celebramos. Adiós.

    Y esa es mi mejor amiga desde que teníamos cinco años, una loca, divertida, fiestera, buscando siempre una excusa para celebrar. Una exitosa ingeniera civil, que amaba estar en mi casa aprendiendo de mi papá, mientras yo adoraba estar en la suya para aprender del suyo todo lo que tuviera que ver con leyes.

Recuerdo que el señor Duran decía que le habían cambiado a su hija porque mientras Darla amaba todo lo que eran números y dibujar, aborrecía meterse en problemas, yo era todo lo opuesto, sobre todo por defender a los demás hasta armar una guerra si lo ameritaba.

    Darla es una hermana para mí, la madrina de mis hijos, mi cómplice; me apoyó en el momento más difícil de mi vida y sé que si algún día mataría a alguien, ella enterraría el cuerpo sin ni siquiera preguntarme. Aunque ahora se le ha dado por ser mi casamentera, no pierde ni un momento para conseguirme una pareja, cuando le he dicho que no estoy interesada en nadie, y estoy segura de que tiene un plan la invitación de esta noche.

Según ella, una mala experiencia no puede limitar mi capacidad para disfrutar de los placeres de la vida. Lo que no entiende es que es difícil encontrar a un hombre cuando vienes con paquete y el mío es por partida doble y tampoco me hace falta.

-*-

    Mis hijos ya estaban listos esperando a mi madre, mientras yo repasaba una vez más cada punto del cierre del caso.

—Mami, ¿a dónde vas tan bonita? —preguntó Edwin.

    Mi hijo siempre ha sido muy serio, tranquilo y observador desde que nació, aprendió a hablar desde muy temprano y, aunque está aprendiendo a leer, no hay ni un momento que no tenga un libro en sus manos interpretando todas las imágenes a su ingenio. Algo que definitivamente no heredó de mí junto con su sonrisa seductora e hipnotizante.

—Voy a trabajar, mi amor. Mami va a cerrar un caso muy importante para poder ascender de puesto en el trabajo y poder pasar más tiempo con ustedes.

—¿Y siempre debes ir tan linda? — interviene Mía.

     Ella es más extrovertida, coqueta, siempre anda bailando, cantando o probándose mis zapatos y maquillaje; es mi gran dolor de cabeza porque tiene una lengua afilada que carece de prudencia.

—Uno siempre debe ir presentable a todos lados, hija.

     La observo y está pegada una vez más al televisor viendo un documental de historia.

—¡Aléjate un poco del televisor! Y ve algo para niños.

       Por más que lo intento, este par no puede ser como unos niños normales viendo caricaturas. Siempre los encuentro viendo cosas educativas o documentales de la vida real, que no son para su edad.

—Esos programas son aburridos, no me gustan —. Llega corriendo a donde estoy y me observa—. ¡Mami! Me gusta tu vestido, yo quiero uno así.

     No lo dudaba, desde muy pequeña la acostumbré a estar vestida como una princesa, todo a la moda, y a medida que fue creciendo empezó a tener su propio criterio al cual Darla ha sido parte, y debo decir que tiene un gusto excelente.

—Algún día, mi terremoto, por los momentos, te vistes así de bonita como siempre.

—Mamá, ¿ahí van a estar hombres? —pregunta Edwin. Dejando su libro a un lado.

—Como siempre, campeón. ¿A qué viene esa pregunta? — Enarca una de sus cejas y regresa a su libro.

     Si no lo conociera, diría que es una pregunta sin sentido, pero es mi hijo y he aprendido que es un celoso en potencia desde que estaba en mi vientre. Recuerdo cuando su padre intentaba acercarse a mí y empezaba a recibir patadas en el vientre sin parar, incluso una vez tuve que salir corriendo a urgencias porque empecé a sangrar.

    Y cuatro meses después supe quién era el responsable de tal acto.

—Lo que pasa es que la abuela dijo que algún día vas a tener novio y va a vivir con nosotros; a Ed no le gusta la idea, y a mí tampoco.

     Mi madre siempre con sus comentarios inoportunos. No se     mide, y este par que todo se lo toman literal.

—Mami no tendrá novio. ¡Ella es solo mía! —le grita Ed.

—¡También es mía! —Así empieza la primera batalla del día.

—¡Niños, no se peleen!

     Me acerqué a ellos e hice que me miraran de frente.

—Campeón, tu abuela se equivoca, porque el único hombre de mi vida eres tú, y yo te amo, así como amo a tu hermana. —Lo beso mientras me sonríe.

—Además, nosotras somos mucha mujer para uno de esos hombres, ¿verdad, Mami? —afirmé.

—Sí, mi amor. Ahora dejen de pelear o no hay galletas.

     Cada uno volvió a sus actividades, dejándome sola con los nervios. No iba a mentir, estaba a explotar de los nervios. Este caso significa mucho para mí, más para ellos. No podía dejar que se me escapara.

—Mami — me llama Mía —. Te ves hermosa, casi te pareces a mí. No te mires tanto en el espejo —me lanza un beso.

—Gracias por el piropo. Solo tengo una duda: ¿de quién heredaste tu belleza?

—¿Qué es un piropo? —menciona Ed.

—Es cuando alguien te dice cosas lindas para realzar alguna parte de tu cuerpo o mente.

      Tocan el timbre y pasé a abrirle la puerta a su abuela.

—Hola, ¿llegué tarde? Estás muy guapa—me dice.

—Gracias, y no. Tranquila, estaba terminando de arreglarme, ya los niños están alimentados y arreglados, no dejes que coman mucho dulce, ve que Mía sabe cómo envolverte para salirse con la suya y que no vean mucha televisión.

—¡Abuela! ¡Abuela! —Corren mis pequeños a recibirla.

—¿Ya comiste? Te ves, linda—no faltaba el pequeño galante adulador.

—Niños, pórtense bien, nada de travesuras.

     Me voy mientras me miran con sus ojitos de borrego manipuladores, me cuesta dejarlos, pero si no lo hago, ¿cómo los sustento para darles sus gustos?

-*-

     Al atardecer estaba frente al juez esperando el fallo a mi favor. El caso de la aerolínea no era fácil, encontré las pruebas para comprobar que mi cliente no era responsable del accidente y...    ¡Lo logré! Había ganado y estaba a un paso de mi ascenso. No podía estar más feliz.

—Valeria —escucho la voz de uno de los abogados del bufete de la competencia, al cual ni quiero mencionar. Tanto él como su firma, eran el mismo ego caminando por la vida.

—¿Qué deseas?

—Qué manera de saludar, y yo que venía a felicitarte por tu gran trabajo.

—Gracias, viniendo de ti, eso es algo inesperado.

—Que seamos los mejores no significa que no vea tus logros.

—Dice un dicho que aquel que tiene que estar pregonando que es mejor, es porque en el fondo sabe que hay mejores que él. — Le guiño un ojo y me voy.

     Llamo a Darla, para que vea que sí cumplo con mi palabra de que iba a ser la primera en enterar y me contesta en el primer tono.

—¡Felicidades! Pateaste los traseros de esos atrevidos —tuve que apartar el teléfono antes de quedarme sorda.

—Lo hice. ¡Gané!

—¡Aaaa, eso hay que celebrarlo! ¡Soy la mejor amiga de la nueva socia del mejor bufete de abogados que puede existir! —Por Dios, me va a dejar sorda.

—¡No grites! Te van a escuchar.

—¡Qué me escuchen, nadie puede meterse conmigo, porque los demando, y ganaré!

—Ahora seré la excusa para que te metas en problemas.

—Yo no me meto en problemas, lo sabes. Cuando salga, paso a comprar comida y una bebida para ir a tu casa a celebrar.

—No puedo creer que estés gritando en tu trabajo. Estás loca.

—No, estoy orgullosa de mi chica, por fin acabas de hacer uno de tus sueños realidad. Todo tu trabajo está dando frutos y te lo mereces.

—Hay que esperar a la decisión de los socios, pueden cambiar de parecer en el último momento.

—Ya vas a empezar con tu tormenta de calamidades. ¿Qué van a decir? Eres una puta diosa, que devoras en los juzgados y nunca pierdes un caso. Serían unos idiotas si te dejan ir.

—Hasta no tener un papel y una firma con mi nombre que acrediten mi sociedad, no me confiaré.

—Igual hay que celebrar y por partida doble…

—¿Cerraste el contrato? No lo creo… ¡Felicidades! —Ahora era yo la que gritaba como una loca.

—¡Sí! Llevo tanto en esto que pensé que no lo haría, pero mi jefe me acaba de llamar para decir que me aceptaron y tu padre estaba orgulloso— dice emocionada. — Y con condiciones, porque los japoneses no iban a firmar si yo no era la cabeza del proyecto, así que no había cómo negarse.

—Pateaste, sus traseros ahora son tuyos…

—Tenemos mucho que celebrar, te diría que fuéramos a un local a bailar, pero… —Cuando no, siempre queriendo fiesta.

—Es jueves, mañana hay que trabajar y tengo dos niños en casa; así que la celebración es en casa con buen vino, música y comida.

—Lo sé. Además, me río con tus tripones, tengo días que no los veo.

—Ellos también mueren por verte. Nos vemos en un rato.

    Cuelgo y entro al bufete donde mis compañeros y Ana, mi hermosa secretaria, me esperan con una sonrisa y aplausos y me dice que los socios están reunidos.

—Gracias a todos —entro a mi oficina con Ana detrás de mí.

—Sabía que lo harías.

—Yo tenía mis dudas. ¿Dónde están el señor Hemilk y el señor Omally?

—Reunidos, pero debo decirte algo.

    No me gustó su tono de voz, y mucho menos en un momento como este.

—¿Qué sucede?

—Jefa…—Odio, que me diga así, se lo he dicho.

—No me llames, jefa, te lo he dicho. Tenemos años trabajando juntas, solo dime, Valeria.

—Lo intentaré, ¿has escuchado los rumores?

—No estoy para chismes de pasillo. Sabes que no me gusta y no tengo tiempo, para eso estás tú, que me mantiene al tanto de las cosas importantes.

—Por eso estoy aquí. El señor Hemilk y Omally están negociando unas acciones con otro abogado de la competencia.

—¡¿Qué?!

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP