Mundo ficciónIniciar sesiónNo me negaba a aceptar que tanto trabajo haya sido para nada.
—Eso no puede ser, debiste escuchar mal.
—Me cercioré de la información. Las negociaciones están casi cerradas, y será un nuevo socio del bufete, según Dayana. — No, no, no. Ese puesto es mío.
—¿Estás segura de que Dayana te dijo eso? —afirma.
Dayana es la secretaria de Hemilk, y no habla si no tiene propiedad como Ana.
—Dicen que es un hombre muy guapo, un abogado muy reconocido.
—Un ególatra viene del bufete de la competencia. —Debe ser broma.
—¿Crees que se van a fusionar ambas firmas? Te lo digo porque sé que quieres ser socia, y esto puede echar para atrás todos esos planes. — No, eso sí que no lo voy a tolerar.
Me levanto de la silla directo a la puerta.
—¿A dónde vas?
—A averiguar si lo que dices es verdad. No me he matado trabajando para ser socia y al final se lo den a otro recién llegado, sea quien sea.
En eso suena el teléfono de la oficina y Ana contesta para luego informarme que solicitan mi presencia en la oficina principal.
—Entonces vamos a ver con qué sorpresa nos sale.
Antes de salir, recuerdo uno de mis casos y le doy indicaciones a Ana.
—Trata de ponerte en contacto con las empresas Rocketh, necesitamos saber qué pasó ese día en el local y quién era el encargado de la seguridad.
—En eso estoy, pero ahora ve.
—Y averigua qué firma está a cargo de su caso. No me gusta no saber a quién me voy a enfrentar.
—Acabas de cerrar uno y no dejas de pensar en el otro. ¡Ve, los jefes te esperan!
Salí camino a la oficina de Hamilk, mientras pienso en el caso de Rocketh. Eso me tiene con dolor de cabeza.
Se abren las puertas del ascensor cuando percibo el olor de un perfume que no había percibido hace mucho tiempo. Miré a los lados y no estaba nadie, solo Dayana, mientras el otro ascensor cerraba sus puertas.
Dayana me felicita y me permite pasar a la oficina de Helmik.
—Hola, me dijeron que querían verme. —Estaban sentados uno al lado del otro, con una sonrisa. Eso no es malo.
—Ahí está mi chica estrella. Sabía que lo lograrías — dice Hemilk mientras se acerca a darme un abrazo —. Siempre buena y decidida, una fiera desde la universidad.
—Gracias. Tuve grandes tutores, entre ellos usted.
—Siempre tan humilde, aunque sabe que tiene los cuernos en la mano —menciona Omally, quien también me felicita. — Ven. Siéntate.
Le hago caso ocupando uno de los asientos frente al señor Hemilk.
—La prensa está llena de tu logro y el cliente está muy agradecido. Hasta la competencia estaba pendiente de este caso. Querían ver caer a mi pupila y mírala, les da unos buenos golpes y sale victoriosa. — Aclama Hamilk, feliz.
—Se quedaron con las ganas. — Fue lo único que me nació para decir.
—Eres muy buena en tu trabajo, siempre confiada y segura. No todos tienen esa pasión y vocación—. Completa Omally
Ambos me miran de forma extraña y nerviosa. Por Dios, que sean buenas noticias.
—Sabemos que este caso es importante para ti, no solo porque tenías a todo un país detrás de ello, sino porque es un paso para nombrarte socia del bufete —afirmé—. No sé si escuchaste los rumores. Hemos hablado con un abogado y... —No puedo escuchar semejante tontería.
¡No, no, no!
—Ya va, ¿me están diciendo que van a fusionar la firma? ¿Qué nombrará a otro socio? Esto es inaudito. ¡No pueden hacerme eso!
—¡Valeria! —grita Hamilk.
—No. He trabajado duro en esta firma, he sacrificado tiempo de mí y mis hijos, y lo he hecho porque me gusta lo que hago, para hacerme una reputación y ascender. Ahora, ¿ustedes quieren asociarse con otra firma?
—Valeria, escucha.
—Esperaba este ascenso. Quiero ser socia, me lo he ganado, pero con nuevos socios debo empezar de cero. No es justo —estoy furiosa, ¡qué demonios! — Voy a pelear con quien sea que me quiera quitar mi puesto, y por muy jefe que sean, no voy a dejar que un recién llegado, aunque tenga su reputación, pase sobre mi trabajo. ¿Entendido?
—¿Ves, Omally? Aquí está, frente a sus jefes, sin miedo a que la despedida por hablarnos de esa manera. Dime si no va a ser buena en lo que hace.— Ambos se carcajean.
—¿Se están burlando de mí?—Lo que me faltaba.
—Dunner. Siéntate —. Ordena, Omally —. Es cierto, tenemos un nuevo socio; dos en realidad. —Estos dos me van a matar del coraje.
—El primero es un abogado reconocido. Lleva el nombre de una de las firmas más importantes del país, al igual que la nuestra —iba a reclamar, pero me silencian antes de mencionar palabra —. Nos ofreció un buen proyecto e ideas difíciles de no aceptar, pero no vamos a fusionar firmas. Vamos a seguir siendo independientes; él es quien quiere unirse a nosotros y hacerse su propio camino fuera de la firma de su familia. Además, ¿por qué no tener uno de los abogados más cotizados en nuestra empresa?
—¿Eso no les parece raro? ¿Quién va a dejar una firma familiar de prestigio por una que no lleva su nombre? Eso es sospechoso.
—Abogada hoy y siempre — recalca Hamilk —. Lo sospechamos, por eso hemos investigado, nos dio sus razones y fueron válidas.
—¿Por eso me desechan a mí? No es justo.
—¿Crees que somos bobos para dejarte ir? Eres una abogada como ninguna otra; no podríamos darnos el lujo de que otra firma te contratara. Jamás te dejaríamos ir. Eres valiosa en esta empresa, y bien lo has dicho; te has ganado con trabajo y esfuerzo todos tus logros y este ascenso.
—¿Qué? —Los miro a ambos.
—Eres nuestra otra nueva socia — ¡¿De verdad?! Abren una de las carpetas en la mesa y me la entregan—. Debes firmar y ya eres socia de la firma “Hemilk, Omally y asociados”, con todos los beneficios, lujos y responsabilidades que ello conlleva.
—¿Es en serio? —Leo cada palabra que está en los documentos. Soy socia con todos los beneficios —Soy socia. ¡Increíble!
—Esa sonrisa es la que me gusta ver, así que ¿lista para firmar o quieres revisarlos antes?
—Ya leí y sí firmo.
No dudé ni un minuto en firmar cada papel que me acreditaba como nueva socia. ¡No lo puedo creer!
—Voy a seguir haciendo mi mejor trabajo, más ahora que soy parte de la firma.
—También vas a trabajar de la mano con el nuevo socio. Tendrás que ponerlo al día del manejo del bufete.
—Algo me dicen que van a hacer un buen equipo. Su hoja de vida es tan fascinante como la tuya, exceptuando algunas cosas que hizo en el exterior, pero se graduó con honores y solo ha perdido un caso al igual que tú. —Recalca Hemilk.
—Tienen mucho en común. Pensándolo bien, se parecen mucho.
—Veremos. Mis hijos están en casa para andar pendientes de uno más.
—Ve a celebrar que eres socia, y sobre el caso Rocketh me tienes al tanto.
—Sí, señor Hemilk.
—Ya eres socia, no tienes que ser tan formal para hablar con nosotros.
—Lo tendré en cuenta, buenas noches.
Al cerrar la puerta detrás de mí, salto como una niña chiquita mientras Dayana me ve y sonríe.
—No lo creo, soy socia por fin. ¡Aaaaa!
Bajo la voz antes de que ellos me escuchen, tomo el ascensor, camino a mi despacho y Ana me está esperando con los nervios de punta.
—¿Y bien, qué paso? —me sigue hasta mi oficina.
—Los rumores son ciertos. Tenemos un nuevo socio, pero no se va a fusionar con otra firma.
—¡¿Y?! — sé lo que quiere saber sobre mi ascenso.
—Que lo tuviera al tanto sobre el caso Rocketh, eso me está dando muchos problemas.
—¡Valeria! — La ignoro concentrada en uno de mis papeles —. ¿El tipo es guapo, como dicen que es? ¿Tenía una sonrisa capaz de derretir a cualquiera y unos ojos que te hipnotizan, sumados a un cuerpazo que sabría cómo sostenerte frente a una pared? —Me quedé observando su cara de ensoñación.
—¿En serio? Pues no pregunte, así que cuando llegue veremos — me mira enojada —. ¿Algo más, Ana? Porque ya puedes irte si todo está listo. Me voy a casa para celebrar que cerré un caso de oro y que soy la nueva socia del bufete. —Me levanto de mi silla.
—¡AAA! Lo sabía, eres mala, me hiciste sufrir —dice saltando de felicidad. —Eres la nueva jefa de todos aquí.
—Cuando lo dices de ese modo, sí. Estoy feliz, quiero que sepas que esto no cambia nada, yo voy a seguir trabajando como siempre, así que trátame igual. ¿Estamos claros?
—Clarísimo.
Ahora voy a celebrar que he logrado uno de mis frutos y mañana ya me preocupo del nuevo socio.
¡Lo logré!







