Capítulo 32

Entre lo propio y lo ajeno II

El aire de la mañana era puro y filoso.

A medida que avanzaban, el sol apenas aparecía sobre los tejados y las murallas se teñían de un resplandor dorado. Ana caminaba unos pasos detrás de Mohan, observando cómo el vapor escapaba de su aliento en cada exhalación.

A lo lejos, el bosque se extendía en una franja blanquecina, cubierta por la neblina. El sendero que tomaron bordeaba el límite interno del territorio, pasando junto a pequeños corrales y campos donde el hielo se acumulaba sobre los cercos.

-¿Siempre madrugan tanto? -Preguntó Ana, con tono medio adormilado.

-Depende de la tarea -Respondió Mohan sin girarse. -Pero si quieres ver las fuentes termales sin la multitud, este es el mejor momento.

-¿Fuentes termales? -Repitió Ana, sorprendida.

-Sí. El agua que fluye de las montañas. Los ancianos dicen que existe la historia donde la diosa las bendice para mantenernos a salvo del invierno.

Ana sonrió. Sonaba a una historia sacada de los relatos que le
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