Entre lo propio y lo ajeno III
El sonido del agua los recibió antes de que pudieran verla. Ana ya estaba agotada del camino empinado. Y el lugar se presentaba como un murmullo profundo, constante, La nieve se derretía al borde del arroyo que descendía entre las rocas, y un vapor leve subía en espirales blancas que se enlazaba con la neblina.
Ana se detuvo a observar con la respiración cansada. Frente a ellos, el terreno se abría en una pequeña depresión rodeada de pinos, donde las aguas termale