Corazón de una Manada II
El olor a pan recién horneado los recibió antes incluso de llegar a la cocina. El edificio era amplio, con un techo alto atravesado por vigas oscuras y ventanales empañados por el vapor. Adentro, el calor era sofocante y acogedor a la vez. Varias mujeres se movían entre hornos y mesas, amasando, cortando, sirviendo, mientras una corriente de voces se mezclaba con el chisporroteo de los fogones.
Charlotte saludó a varios con un gesto y besó la mejilla de una mujer ya ent