Rescate IV
El algodón blanco se manchaba y absorbía en cada pasada, el rojo teñía aquel trapo y a su vez, el agua del balde donde se sumergía. Aquellas manos escurrían el agua, y entre sus dedos brotaba la sangre diluida. Luego, volvía a pasarlo por el suelo, limpiando aquel desastre frente a las puertas.
Los ojos de Ana no se quitaban de las puertas. Esperando paciente a que se abrieran. Charlotte, contrario a lo que se pensaría, también estaba tranquila. Miraba por la pequeña ventana del pas