Obedece
Aunque había duda, no se separó. No la rechazó y eso sólo hizo envalentonar a Ana a profundizar un poco más. No sabía cómo decir lo que sentía, pero besarlo de la misma forma que lo había hecho él, era lo único que quería.
Tuvo que separarse cuando las manos de Ashven tocaron su herida en la espalda al intentar abrazarla.
-¿Qué carajös tengo en mi espalda? -Preguntó llorando de dolor.
-Yo.. Cuando te desmayaste te atrapé, pero..
-Ah, puedo adivinarlo… tus manos deben estar dibujada