Rescate III
El chirrido metálico de la puerta resonó por la celda húmeda.
Ashven no levantó la cabeza.
Permaneció sentado contra la pared de piedra, una rodilla doblada, la respiración apenas perceptible. La oscuridad ocultaba parte de su rostro, aunque no lo suficiente para esconder los moretones violáceos que marcaban su mandíbula y el corte viejo sobre la ceja.
-Míralo -Se burló una voz. -Ya ni gruñe. -Le informó al compañero, como alardeando ya haberlo domesticado.
Una bota impactó contra s