79. TE AMO TANTO
ISABELLA
Los ojos se me cerraron de puro placer.
Con las manos aferradas fuertemente al cabecero, balanceaba mis caderas en un ritmo cada vez más desenfrenado.
—Ah, sí, sí, mi macho… sshhh, qué rico, bebé… —gemía como una cualquiera, restregándome sin compasión sobre su cara sumergida entre mis piernas.
Su nariz estimulaba mi clítoris en cada meneo; su lengua lamía y perforaba; sus labios chupaban con sonidos obscenos y llenos de humedad.
Comencé a retorcerme los pezones endurecidos, con