79. TE AMO TANTO
ISABELLA
Los ojos se me cerraron de puro placer.
Con las manos aferradas fuertemente al cabecero, balanceaba mis caderas en un ritmo cada vez más desenfrenado.
—Ah, sí, sí, mi macho… sshhh, qué rico, bebé… —gemía como una cualquiera, restregándome sin compasión sobre su cara sumergida entre mis piernas.
Su nariz estimulaba mi clítoris en cada meneo; su lengua lamía y perforaba; sus labios chupaban con sonidos obscenos y llenos de humedad.
Comencé a retorcerme los pezones endurecidos, con la cabeza elevada, el trasero empinado y mi coño siendo devorado desde abajo por ese lobo salvaje.
El orgasmo se construía lentamente en mi vientre, pero mi garganta se sentía seca y mi boca extrañaba el sabor de su simiente.
—Mmm, espera, mi amor… —jadeé en busca de aire, subiendo las caderas y mirando hacia abajo.
—¡No, regresa! —Kaden gruñó una orden, dominante, con su aura rodeándome por completo.
Me sentía borracha, pero de lujuria.
Sus ojos desellaban peligrosos, mientras relamía mis jugos.
—Es