76. UNA LOCA CON LICENCIA
ISABELLA
—¡Bebe, bebe, bebe! —los gritos resonaban en mi cabeza, colgando a varios metros del suelo.
Mis piernas, atadas a la viga en el techo, mientras chupaba por una manguera, algún tipo de brebaje adictivo de esta cantina clandestina de magos.
Tenía que cerrar con fuerza los muslos para que el vestido no mostrara toda mi tanga, aunque, para el caso, ni idea si ya estaba a la vista.
¿Cómo terminé metida en esta competencia de borrachos? Solo la Diosa sabe.
William, el mismo que ahora se reía y apostaba en que yo le ganaría a un gordo con panza de cervecero, me había traído al pueblo neutral.
Según él, encontró todo un submundo clandestino mientras buscaba algunos ingredientes raros que Kaden le había mandado a buscar.
Y, ciertamente, creo que el director de la Academia no se imagina el garito ilegal que le tenían armado bajo tierra.
—Ggrgg…
—¡No lo sueltes, nena, ya estás a punto! —me gritó cuando la bebida burbujeante de color azul amenazaba con salirme hasta por la nariz.
Tragar