63. SOY INOCENTE
ISABELLA
—¡KIARA!
Sentí que el corazón se me paralizó al ver su brazo casi colgando del hueso, atascado entre esas dos planchas metálicas.
El zumbido constante de la cinta nos transportaba hacia una muerte segura.
—¡Te voy a sacar, no dejaré que te pase nada, tranquila, espera, no tires más del brazo!
Las cosas se ponían tétricas.
Incluso miré a mi alrededor, buscando algo con qué atascar la maquinaria, pero esas dos ruedas moledoras destrozarían cualquier cosa que pudiese arrojar.
Mis ojos vie