63. SOY INOCENTE
ISABELLA
—¡KIARA!
Sentí que el corazón se me paralizó al ver su brazo casi colgando del hueso, atascado entre esas dos planchas metálicas.
El zumbido constante de la cinta nos transportaba hacia una muerte segura.
—¡Te voy a sacar, no dejaré que te pase nada, tranquila, espera, no tires más del brazo!
Las cosas se ponían tétricas.
Incluso miré a mi alrededor, buscando algo con qué atascar la maquinaria, pero esas dos ruedas moledoras destrozarían cualquier cosa que pudiese arrojar.
Mis ojos vieron directo a los cuchillos sobre una mesa.
Diosa… ¿estaba pensando realmente en cortarle la extremidad?
—¡Aaahh, salta, no te quedes aquí conmigo, ve al cuarto de interruptores, haz algo, Aahh!
Kiara me rugió, ni siquiera parecía poder convertirse en su loba.
La idea de alejarme y, cuando regresara, ver solo un destrozo de partes de su cuerpo, me llenaba de pánico.
Dudé. El tiempo se acababa.
Algo crujió dentro de la máquina y vi cómo destrozó unos huesos que quedaban en la cinta.
Nuestro turno