34. HAGAMOS ARDER AL MUNDO
KADEN
Sabía que la enfermera podía sentir mi aura y, aunque su expresión mostraba contradicción, obedeció.
Ash se impulsó con las patas delanteras y trepó al interior.
— Señor, la acabo de sedar para que descanse, no creo… que sea hora de visita…
"Solo estaré un momento. ¿Cómo está ella?", le pregunté, preocupado, y dimos un suspiro de alivio al saber que estaba sanando.
"Bien, cúrela con lo mejor de la Academia y, enfermera, tiene prohibido decirle a nadie que me vio aquí… incluida la paciente."
Agregué fríamente, presionándola un poco hasta que obtuve una afirmación de ella.
Se marchó dejándonos solos e incluso apagando la luz del salón.
Ash se acercó paso a paso, apartando la cortina que cerraba el compartimento y viéndola sobre la cama.
"Dormida se ve muy linda e inocente. No parece esa fierecilla contestona" resopló con el morro a la altura del rostro de Savannah.
La respiración de mi lobo movía el cabello suave que caía en su frente.
Sentí las ganas de Ash de tocarla y no lo detu