33. VISITANTE NOCTURNO
ISABELLA
— Pero… —no sabía ni qué responder.
Ver la cara de regodeo de Miska hacía que la rabia se prendiera como fuego en mis venas.
— Necesito hablar con usted, su majestad —me paré firme, sin mirarla a ella y con los ojos clavados en la bestia medio oculta en las sombras.
— Y yo te di una orden que espero que obedezcas —los dedos se me cerraron con fuerza alrededor del frasco.
Mi respiración salía pesada mientras la humillación me recorría.
— Su Alteza, lo que sucedió…
— Márchate, Savannah, y no regreses hasta que te lo ordene.
— Creo que mejor no regreso nunca, su majestad, veo que ya escogió a su Serafina —mis palabras salieron irrespetuosas y apresuradas.
— ¡¿Cómo te atreves a hablarle así al príncipe?! —Miska se interpuso dándome una mirada mortal.
— Si te preocupa tanto, dale su medicina, la envió el profesor Leonardo —extendí el brazo ofreciéndosela, disimulando los temblores de mi mano.
— ¡No tomaré nada que traigas!, ¿cómo sé que esto no es una droga para su majestad?
— ¡Tó